1974: DE SEVILLA A AMSTERDAM: EL FRACASO DEL IMPERIO.
(Capítulo 4 de El Moderno Sistema Mundial, I, de Immanuel Wallerstein. Digitalizado a partir de la edición en castellano de Siglo XXI editores, 1979. Traducción de Antonio Resines)
(viene de pag. anterior)
La significación de la revolución de los Países Bajos no es la de haber establecido un modelo de liberación nacional. A pesar de la historiografía liberal romántica del siglo XIX, el ejemplo holandés no sirvió como generador de corrientes ideológicas. Su importancia yace en el impacto económico sobre la economía-mundo europea. La revolución de los países Bajos liberó una fuerza que podría sostener el sistema mundial como tal sistema durante algunos difíciles años de ajuste, hasta que los ingleses (y los franceses) estuvieran dispuestos a dar los pasos necesarios para su consolidación definitiva.
Recordemos la historia económica previa de Amsterdam y otras ciudades del norte de los Países bajos. Los holandeses estaban jugando un creciente papel en el comercio báltico (220). Establecieron una cabeza de puente a finales de la Edad Media, y al principio del siglo XVI estaban ya reemplazando a las ciudades hanseáticas. Su comercio báltico total siguió una curva ascendente en el siglo XVI, alcanzando un punto, alrededor de 1560, en el que controlaban alrededor del 70 por 100 del comercio. Aunque el período revolucionario afectaría un tanto al nivel del comercio báltico, los holandeses se recuperarían de esta caída temporal hacia 1630 (221).
El efecto de la revolución no fue sólo asegurar la decadencia económica de Flandes, sino también fortalecer al norte en cuanto a personal, gracias a la emigración a él de muchos burgueses de Flandes. "Si Holanda y Zelanda florecieron, fue en parte debido a que se alimentaron de las mejores fuerzas vitales de Flandes y Brabante" (222). Más aún, el principio de tolerancia religiosa proclamado por las Provincias Unidas en 1579 provocó la llegada de judíos sefarditas a partir de 1597. "Trayendo sus riquezas y su experiencia en los negocios para suplementar la prosperidad de los Estado mercantiles del norte, tal emigración se convirtió por definición en un fenómeno europeo" (223).
En cuanto pareció estabilizarse la lucha política en el seno de los Países Bajos, los holandeses saltaron de ser meramente un centro del comercio báltico a ser un centro del comercio mundial (224). Más aún, el nuevo comercio aumentó en vez de disminuir la importancia del comercio báltico, que los propios holandeses llamaban "el comercio madre". Después de todo, Europa oriental suministraba tanto el grano para alimentar a las ciudades holandesas como los suministros navales esenciales para los intereses pesqueros y los astilleros de los holandeses (225). La construcción de barcos, a su vez, era clave para el éxito holandés en otros lugares (226).
Esto ilustró una vez más la cualidad acumulativa de la ventaja económica. Dado que los holandeses tenían ventaja en el comercio báltico, se convirtieron en el principal mercado de madera. Debido a que eran el principal mercado de madera, redujeron los costos de construcción de barcos y fueron innovadores tecnológicamente. Y, a su vez, fueron, por tanto, más capaces aún de competir en el comercio báltico. Gracias a esta ventaja podían financiar mayores expansiones (227). Sobre esta base, Amsterdam se convirtió en un triple centro de la economía europea, mercado de bienes, centro de embarque y mercado de capitales, y se hizo "difícil decir qué aspecto de su grandeza era más sustancial, o disociar uno de su dependencia de los otros dos" (228). Este proceso de ventaja acumulativa funciona al máximo en una etapa expansionista del desarrollo económico, antes de que el área en cabeza sufra la desventaja de equipos pasados de moda y costos de trabajo elevados, relativamente fijos.
Existía otra razón par la capacidad de los holandeses para prosperar. Braudel plantea la cuestión de por qué los ingleses no llegaron a dominar los mares a partir de 1558, como harían finalmente. Encuentra la respuesta en las relaciones económicas holandesas con España, relativamente intactas a pesar de la agitación política (229). ¿No podrá Inglaterra haber creado el mismo vínculo con el tesoro americano de España? Aún no; Inglaterra representaba todavía una amenaza excesiva para España como para que se le permitiera este tipo de relación (230). Y España era todavía suficientemente fuerte para resistir a Inglaterra. El imperio podía haber fracasado, pero el control de la economía-mundo europea dependía aún del acceso a la riqueza colonial española. Holanda, si bien en revuelta contra España, seguía siendo parte de ella. Y, en cualquier caso, Holanda no era una amenaza política, como Francia e Inglaterra.
Así pues, Holanda se benefició de ser un país pequeño, y se benefició de ser un Estado "financieramente sólido" (231). Ofrecía máximas ventajas a los comerciantes que quisieran utilizar su arena. Su ruta hacia la riqueza no era la del mercantilismo incipiente de otros Estados (232), esencial para obtener ventaja a largo plazo, pero no para maximizar a corto plazo la ganancia de las clases mercantiles y financieras. Su ruta era la ruta del libre comercio (233). O más bien ésta fue su ruta en el "segundo" siglo XVI, cuando predominó en los mares. Mientras Amsterdam estaba aún en plena lucha por un lugar bajo el sol comercial, había llevado una política proteccionista (234).
Desde el punto de vista de la economía-mundo europea como un todo, con su era de expansión llegando a su fin, el comercio mundial holandés se convirtió en una especie de precioso fluido vital que mantenía la máquina en marcha mientras diversos países se concentraban en reorganizar su maquinaria económica y política interna. Recíprocamente, no obstante, el éxito de la política de los Países Bajos dependía del hecho de que ni Inglaterra ni Francia habían conseguido llevar aún sus tendencias mercantilistas hasta el punto en que realmente invadieran el mercado de los comerciantes holandeses operando sobre la base del libre comercio (235). Esto puede deberse a que los holandeses eran demasiado fuertes a causa de su relativo control del mercado monetario, gracias a sus aún persistentes vínculos con España (236).
Si Amsterdam sucedió a Sevilla, si el norte de los Países bAjos se convirtió en el centro comercial y financiero de la economía-mundo europea en el "segundo" siglo XVI, ¿cómo podríamos describir lo que ocurrió a las ciudades-Estado del norte de Italia, particularmente Venecia y Génova, que parecían expandirse en vez de disminuir sus papeles comerciales y financieros precisamente en esta época? Lo que podemos decir es que esta expansión fue breve, y que enmascaraba un proceso de declinación oculto bajo el resplandor, de tal forma que, para finales del "segundo" siglo XVI, estas áreas se verían relegadas a la semiperiferia de la economía-mundo europea.
El verdadero salto hacia adelante de Amsterdam no ocurrió hasta 1590. Entre la crisis de 1557 y 1590 ocurrió la revolución de los Países Bajos. El papel de los Países Bajos en el comercio mundial fue necesariamente menor es este período. Como resultado, Génova hizo suyas algunas de las funciones que previamente correspondían a Amberes, y, en el aspecto bancario, a los Fugger (237). Curiosamente, Inglaterra, que era quien más tenía que perder por la caída de Amberes, dado que ésta amenazaba con privar a Inglaterra del acceso a los metales preciosos americanos (238), emprendió una impetuosa serie de capturas militares de tesoros procedentes de América, lo que llevó a los españoles a enviar por mar los metales preciosos a través de Génova (239). La fuerza de Génova derivaba, por tanto, en parte de la agitación en los Países Bajos, en parte de su total devoción a la primacía de las consideraciones económicas (240), en parte de sus continuadas estrechas vinculaciones con la monarquía y el sistema comercial españoles (241), vinculaciones cuyos orígenes ya detallamos anteriormente.
Notas:
(220) «En el transcurso del siglo XV, las ciudades de las provincias de Zelanda y Holanda dedicadas a la pesca y a la construcción naval prosperaron lenta pero irresistiblemente, extendiendo su comercio costero más y más lejos hacia el este, hasta, convertirse en los más peligrosos rivales de la Hansa precisamente en aquellas regiones de Prusia en las que descansaba la principal fortaleza económica de la Liga». Carl Brinkmann, «The Hanseatic League: a survey of recent literature», Journal of Economic and Business History, II, 4, agosto de 1930, p. 591.
Al mismo tiempo, Holanda estaba ganando una buena parte del comercio ultramarino de Escocia, aproximadamente la mitad del tonelaje hacia 1560. Las estadísticas no son suficientemente explícitas: «En cualquier caso, el número, e incluso el tonelaje agregado de los barcos que seguían las diferentes, rutas comerciales sería una muestra imperfecta del verdadero significado del comercio entre Escocia y los Países Bajos, ya que, además del carbón y la sal, los bienes que entraban en este comercio eran de valor relativamente alto si se les comparaba, por ejemplo, con el comercio noruego [de Escocia].» S. G. E. Lythe, The economy of Scotland in its European setting, 1550-1625, Edimburgo, Oliver & Boyd, 1960, página 245.
![]()
(221) «Un análisis de las cifras de barcos en el comercio holandés con el Báltico conduce a la conclusión preliminar de que ni la revuelta contra España ni la gran expansión por las nuevas rutas lejanas durante los años anteriores y posteriores a 1600 supusieron una caída duradera del control holandés sobre el comercio báltico.» Christensen, Dutch trade, página 90.
Oscar Albert Johnsen muestra que los noruegos aprovecharon la insurrección holandesa de 1572 contra los españoles para inaugurar «relaciones comerciales directas y regulares con los países del rey de España». Sin embargo, tras el fin de la tregua de los Doce Años en 1621 la flota holandesa era suficientemente fuerte para atacar a los noruegos: «Esta piratería y estas confiscaciones arruinaron prácticamente por completo nuestra navegación en el Mediterráneo». «Les relations commerciales entre la Norvège et I'Espagne dans les temps modernes», Revue Historique, año LV, fasc. 1, septiembre-diciembre de 1930, p. 78. Johnsen admite que lo que arruinó a Noruega no fue meramente la fuerza naval holandesa, sino su fuerza comercial. Véase p, 80.
Como dice Pierre Jeannin: «Se puede discutir sobre el momento exacto en que el comercio holandés triunfó sobre la Hansa, pero hacia 1600 el triunfo era completo». Vierteljahrschrift für Sozial- und Wirtschaftsgeschichte, XLIII, pp. 193-194.
![]()
(222) Geyl, The revolt of the Netherlands, p. 239.
![]()
(223) Spooner, New Cambridge Modern History, III, p. 31. Braudel va más lejos. «Del mismo modo que la recesión secular de 1350-1450 ha lanzado a los mercaderes judíos hacia Italia y su segura economía, así la crisis de 1600-1650 los encuentra en el igualmente seguro sector económico del mar del Norte. En esa ocasión el mundo protestante los ha salvado y los ha mimado; los judíos, inmediatamente, pagan con la misma moneda y salvan y miman al mundo protestante. Al fin y al cabo, como señala Werner Sombart, Génova gozaba de un emplazamiento tan bueno como el de Hamburgo o Amsterdam respecto a las rutas marítimas que se dirigen a América, la India o China.» La Méditerranée, II, p. 151.
![]()
(224) «Durante [el] breve período que va de 1590 a 1600 los holandeses [...] crearon un sistema comercial completamente nuevo. Aunque todavía en pañales, las rutas del. comercio holandés colonial y levantino habían quedado establecidas de una vez. El nuevo comercio, principalmente el comercio con la India, se convirtió simultáneamente en el centro de interés de las instituciones reinantes, los principales comerciantes, y todo el público de la época.» Christensen, Dutch trade, p. 19.
Violet Barbour sugiere que el rápido auge de Amsterdam fue perceptible para sus contemporáneos: «Los extranjeros observaron el ascenso de Amsterdam hacia la supremacía en el comercio mundial con sorpresa no carente de resentimiento. De repente, según parece, la ciudad estaba allí». Capitalism in Amsterdam in the seventeenth century, Ann Arbor (Michigan), Ann Arbor Paperbacks, 1963, p. 17. Véase Da Silva, Revue du Nord, XLI, p. 143, que fija la supremacía holandesa muy exactamente entre 1597 y 1598.
![]()
(225) Christensen, Dutch trade, p. 424. Véase Barbour: «La fuente principal de la nueva riqueza de la ciudad, como de su modesta posición ventajosa anterior, parece haber sido el comercio en grano y suministros navales, y el transporte, almacenaje y venta de estos y otros bienes pesados. Las circunstancias --hambre, guerra, y las nuevas técnicas bélicas que exigían cañones cada vez mayores, la aventura naval que exigía más barcos, mayores y mejor armados-- incrementaron grandemente la demanda de bienes y servicios que Amsterdam estaba equipado para suministrar.» Capitalism in Amsterdam, p. 26. También habla, del papel de Amsterdam en los seguros marítimos a partir de 1592 (pp. 33-35) y en el suministro de armas y municiones a partir de 1609 (pp. 35-42).
![]()
(226) «Siendo Amsterdam el mercado preferente de la madera, la construcción naval era más barata en Holanda que en ninguna otra parte. Mientras que los ingleses se aferraban a los mercantes grandes y armados, alrededor de 1595 los holandeses comenzaron a construir un nuevo tipo de barco llamado filibote [fluyt], un navío ligero pero manejable, largo, estrecho y rápido, empleado para llevar cargas gruesas y pesadas. El filibote era fácil de gobernar con una pequeña tripulación. El bajo flete explica por qué otras naciones navegantes apenas podían competir con el tráfico marítimo holandés con el Báltico, Noruega y Moscovia.» J. G. van Dillen, Britain and the Netherlands, II, p. 136. Véase Violet Barbour, «Dutch and English merchant shipping in the seventeenth century», en Carus-Wilson, comp., Essays in economic history, Nueva York, St. Martin's, 1965, I, pp. 227-253.
Hay una breve descripción de las ventajas técnicas del fluyt holandés en J. H. Parry, The age of reconnaíssance, Nueva York, Mentor Books, 1963, p. 83. Herbert Heaton sostiene que la superioridad de la construcción naval holandesa se explica por razones financieras y económicas: «1, las materias primas se compraban al por mayor, en metálico y a bajos precios [ ... ] 2, en la construcción de los navíos existía cierta normalización del diseño, las partes y los métodos de construcción [...] 3, el constructor era capaz de conseguir créditos a intereses mucho más bajos que sus rivales extranjeros». Economic history of Europe, ed. rev., Nueva York, Harper, 1948, p. 275.
![]()
(227) «El grano proporcionaba cargas y pagaba fletes que mantenían en movimiento la marina mercante de Amsterdam, y de esta forma hacía posible el transporte barato de mercancías de menor bulto [...] En una fecha tan tardía como 1666 se estimaba que tres cuartas partes del capital activo en la bolsa de Amsterdam estaban envueltas en el comercio con el Báltico». Barbour, Capitalism in Amsterdam, p. 27.
![]()
(228) Barbour, ibid., p. 18. André-E. Sayous especifica las ventajas del papel de Amsterdam como centro financiero: «Por otra parte, Amsterdam mejoró sus técnicas: se hizo más fácil distribuir los riesgos marítimos entre diversos grupos de capitalistas y obtener créditos en formas modernas. Los seguros marítimos se desarrollaron gracias a la participación de muchas personas que se repartían los peligros y tomaban más exacta cuenta de su alcance al fijar las tasas [...] En cuanto a los créditos, si los métodos no mejoraron, al menos aumentó su volumen por mercancía; y la letra de cambio se utilizó no sólo para transferir pagos de uno a otro lugar, sino como auténtico crédito anticipado: sin embargo todavía no servía como arbitraje siguiendo las demandas del mercado». «Le rôle d'Amsterdam dans I'histoire du capitalisme commercial et financier», Revue Historique, CLXXXIII, 2, octubre-diciembre de 1938, página 263. Véanse también pp. 276-2-t7. Para Sayous, los factores clave en el auge de Amsterdam son, de hecho, las «nuevas formas de agrupamiento del capital y de especulación» (p. 279).
![]()
(229) «Sólo hay una explicación plausible: por ser vecina de los Países Bajos católicos, por su tenacidad en forzar las puertas de España, y por la habilidad con que supo sortear las guerras, los saqueos y la violencia, Holanda, permaneció en mayor grado que Inglaterra asociada a la península Ibérica y a sus tesoros de América, sin los cuales no habría podido animar su propio comercio [...] ¿Existía entre España y Holanda una relación monetaria, reforzada por la paz de 1609-1621 y rota, como toda la fuerza de España, a mediados del siglo XVII, precisamente -y tal vez no por una simple coincidencia- en el momento en que la rueda de la fortuna iba a girar contra Holanda?» Braudel, La Méditerranée, I, páginas 572-573.
Barbour hace hincapié en el control de Amsterdam sobre el grano: «Es posible que el ascenso de Amsterdam como mercado de metales preciosos deba mucho al comercio de guerra con España, y algo al botín de guerra. Así, en 1595, y en años sucesivos hasta 1630, el gobierno español se vio obligado a autorizar la exportación de metales preciosos a cambio de las importaciones de grano». Capitalism in Amsterdam, p. 49. Y encontramos, una vez más, que las ventajas son acumulativas: «Pero los envíos directos de plata desde Cádiz a Holanda eran tan sólo una parte de la historia. Había también envíos indirectos desde países cuyos naturales habían participado en el tesoro descargado en Cádiz: pagos por servicios o por la compra de mercancías, envíos atraídos por las posibilidades especulativas o simplemente en busca de seguridad y libre disponibilidad» (pp. 50-51).
![]()
(230) Véase Braudel, La Méditerranée, I, p. 209.
![]()
(231) Friedrich, The age of the baroque, p. 8.
![]()
(232) Como dice José Larraz (1943), si hubo un mercantilismo holandés «fue un mercantilismo bastante liberal». La época del mercantilismo, página 186.
![]()
(233) «Los holandeses estaban a favor de un comercio abierto lo más ampliamente posible en todas partes; los ingleses preferían un comercio estrechamente restringido, especialmente entre Inglaterra y sus colonias, pero también entre otros países e Inglaterra.» Robert Reynolds, Europe emerges, Madison, Univ. of Wisconsin Press, 1967, p. 442.
Véase también Barbour: «La libertad para exportar metales monetarios; escasos en el siglo XVII fuera de allí, ayudó a estabilizar las tasas de cambio en Amsterdam, y de esta manera fomentó la circulación de letras de cambio como instrumentos negociables de crédito, cuyo descuento y venta se convirtió en un animado negocio en la ciudad». Capitalism in Amsterdam, p. 53.
![]()
(234) «Una condición esencial de la imponente posición de Amsterdam como lonja mercantil de la Europa occidental parece haberla proporcionado la línea proteccionista seguida por su política marítima durante la segunda mitad del siglo XV. De acuerdo con ella, se exigía que todos los capitanes que llegaban del Báltico y eran ciudadanos de Amsterdam recalaran en la ciudad. Lo mismo se aplicaba a los ciudadanos de Amsterdam que eran copropietarios de un navío con un patrón no ciudadano. Esta norma, que constituye una ley de navegación en embrión, estaba dirigida contra Lübeck y contra el tráfico directo del Báltico a Flandes, especialmente a Brujas.. Glamann, Fontana Economie History of Europe, II, p. 35.
![]()
(235) «Compras al por mayor, crédito liberal y transporte barato se combinaban para mantener los precios de Amsterdam al mismo nivel que en los lugares de origen. En 1606 un miembro de la Cámara de los Comunes mantenía que los holandeses podían vender paño inglés, acabado en los Países Bajos y reexportado desde allí, a precios inferiores a los de las compañías comerciales inglesas». Barbour, Capitalism in Amsterdam, p. 95.
![]()
(236) Por ejemplo, véase Barbour sobre las inversiones extranjeras holandesas y su peso: «[En el siglo XVII] en su mayor parte los géneros extranjeros en busca de crédito para compras, o de adelantos a corto plazo, se dirigían al capital privado de Amsterdam [...].
»En la sucesión de guerras entre las Coronas del norte por la supremacía en el Báltico, el capital holandés, como la navegación holandesa, lucharon de ambos lados [...].
»Inglaterra y Francia ofrecían al capitalismo extranjero un suelo menos virgen que los países del norte, al ser vigorosas y competitivas las aptitudes industriales y comerciales de sus propias clases medias, y encontrando agresivo apoyo para sus respectivos géneros. Pero en ambos países actuaba el capital holandés.» Ibid., pp. 105, 111, 119. Véase Braudel en la nota 229, más atrás.
![]()
(237) «La época de los banqueros genoveses se intercala de 1557 a 1627 en la historia del capitalismo, inmediatamente después del breve período de los Fugger y precediendo a la aparición del capitalismo híbrido de Amsterdam. [...] Es evidente que la fortuna de los genoveses no resulta de un simple golpe de varita mágica propinado en 1557, es decir, inmediatamente después de la extraordinaria bancarrota del Estado español, ni tampoco acaba de repente en 1627, coincidiendo con la quinta o sexta suspensión de pagos en Castilla [...] Génova aún continuará siendo durante mucho tiempo uno de los pilares básicos de las finanzas internacionales.» Braudel, La Méditerranée, I, pp. 454-455.
Véase también Elliott: «Los banqueros genoveses se destacaron al lado de los Fugger como prestamistas de Carlos V, y a medida que la influencia de los Fugger fue disminuyendo, después de la bancarrota real de 1557, aumentó la de los genoveses». Europe divided, pp. 59-60.
Y Spooner- «A partir de 1570 aproximadamente comenzó el apogeo de los genoveses, abriéndose un siglo en el que toman el relevo de los Fugger, cuya preeminencia financiera declina al esfumarse la prosperidad de las minas alemanas después de 1530». New Cambridge Modern History, III, p. 27.
Venecia también jugó un papel clave en las finanzas de la época: «En la larga expansión económica del siglo XVI Venecia se había convertido en un engranaje decisivo en la circulación internacional de letras de cambio [...]. Desde 1587 Venecia tenía un banco de depósitos, el Banco della Piazza di Rialto. Por un decreto de 1593, el Senado estipuló que las letras de cambio se liquidarían mediante entradas en sus libros. Como resultado de ello, se creó un gran instrumento para las transacciones internacionales, En efecto, la República tenía un doble sistema monetario: [la moneta corrente y la moneta di banco]». Frank C. Spooner, «Venice and the Levant: an aspect of monetary history (1610-1614)», en Studi in onore di Amintore Fanfani, V, Evi moderno e contemporáneo, Milán, Dott. E. Giuffrè, 1962, pp. 646-647.
![]()
(238) «La política de reservas y de inteligencia entre Felipe II e Isabel fue posible mientras la Reina y los mercaderes de Inglaterra conseguían participar de las, riquezas de América por medio de los préstamos concertados en Amberes. Pero todo ese orden y ese equilibrio quedan en suspenso con la crisis de 1566 y con la retadora llegada del duque de Alba a los Países, Bajos, en 1567. [...] Todo cambió ahora en un enorme sector, ni más, ni menos que el del Atlántico.» Braudel, La Méditerranée, I, p. 438.
![]()
(239) «En el terreno financiero, [...] Amberes comenzó a perder su posición central a partir de 1568, cuando Isabel de Inglaterra confiscó el tesoro que se encontraba a bordo de una flota de galeras españolas que se habían refugiado en el puerto de Plymouth [...]. El canal de la Mancha ya no era seguro; a consecuencia de ello los banqueros genoveses decidieron cambiar el itinerario de los metales preciosos, haciéndolos pasar por Génova y las ferias de Besançon. Así, esta última ciudad se convirtió hacia finales del siglo XVI en la principal plaza bancaria de Europa occidental y en el centro de distribución de las remesas de plata que continuaban llegando del Nuevo Mundo.
»Desde un punto de vista bancario, por consiguiente, no fue Amsterdam quien obtuvo el fruto de la sucesión de Amberes; [...] Amsterdam no se convirtió en el centro mundial de los metales preciosos hasta 1640». Raymond de Roover, «Anvers comme marché monétaire au XVIe siècle», Revue Belge de Philologie et d'Histoire, XXXI, 4, 1953, pp. 1044-1045.
Véase Braudel: «A partir de 1580 ya no será España el centro real de dispersión de la plata, sino la Italia de las grandes ciudades. Italia obtiene grandes beneficios gracias a ese papel, y se encarga de exportar al Levante (tarea tan cómoda como rentable) una parte de las superabundantes monedas de plata españolas». La Méditerranée, I, pp. 450-451.
![]()
(240) «Me parece innecesario insistir en el hecho bien conocido de que Génova era un mercado monetario excepcionalmente libre de interferencias de elementos no comerciales. Por ejemplo. nunca existió una presión eclesiástica digna de mención sobre las actividades financieras.» Carlo M. Cipolla, Economia Internazionale, v, p. 256.
![]()
(241) Lonchay demuestra que la tasa real de interés cargada a la Corona española por los banqueros italianos era del 16-20 por 100. Véase Académie Royale de Belgique, pp. 950-951. H. G. Koenigsberger dice que. «Más que ningún otro Estado, Génova había unido su fortuna a la de la monarquía española [...] Mientras Perú envió plata a Sevilla, la plutocracia genovesa floreció». «Western Europe and the power of Spain», New Cambridge Modern History, III, R. B. Wernham, comp., The Counter- Reformation and the price revolution, 1559-1610, Londres y Nueva York, Cambridge Univ. Press, 1968, p. 257.
![]()